| IVAN GARCIA: ¿Alba u oscuridad? |
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| Por deAutor | |
| 18-Dec-2009 | |
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La ganancia más palpable, es que, gracias a la tubería de petróleo que nos cede generosamente el folclórico presidente Chávez, hace tres años que en La Habana no se producen los dilatados apagones, en que sus mejores momentos se extendían hasta 8 horas diarias. Cinco años después de haberse iniciado el pacto económico con Caracas, el balance positivo es que tenemos un poco de petróleo. No demasiado, pues en el segundo trimestre de 2009 el gobierno cubano ordenó abrir un nuevo agujero en el ya apretado cinturón, y pidió ahorrar aún más el oro negro. El resto de las ventajas que supuestamente íbamos a tener no existen. El Comandante Único, deliraba, como sólo él sabe hacerlo, cuando en el 2004, entornando los ojos -me parece estarlo viendo- nos decía que las tiendas cubanas iban a estar repletas de productos de todo tipo y comestibles. Y los niños, ni quejarse, porque sus padres podrían comprarles bombones y otras golosinas. De manera definitiva, el ALBA nos iba a independizar económicamente. Claro, casi ningún cubano de a pie se hizo ilusiones. Ya de memoria conocen los desvaríos del Máximo Líder. Ahora muchos extranjeros se ríen y creen que uno exagera cuando se les enumera la larga lista de promesas y el futuro luminoso que desde hace medio siglo nos ha prometido Castro I. Repasemos la lista. La malanga y los vegetales sobrarían. De la leche ni hablar. No había que ir a la lechería. Uno se levantaba y en el patio o en el balcón de su casa, una primorosa vaca enana nos esperaba para que la ordeñáramos. Y a tomar leche pura y fresca se ha dicho! Plátanos para exportar. Café en cantidades industriales. Carne de cerdo casi gratis. Cuba iba a ser lo más cercano al paraíso. En el poblado pinareño de San Julián se experimentó lo que era vivir en una sociedad comunista. Ni Lenin lo intentó. Todos los sueños se fueron desmoronando. No porque el Comandante no tuviese la buena voluntad de realizarlos. No. Le sobraba pasión, pero le faltaba racionalidad. Como siempre. Ni malangas, ni vacas enanas. Hasta lo que se producía desde hace siglos, como el azúcar, ahora hay que exportarla de República Dominicana. Los cubanos de a pie hace rato dejaron de creer en las utopías y sueños de verano de Fidel Castro. Ahora son cautos, por no decir escépticos. Por tanto, los beneficios del ALBA nadie en su sano juicio se los tragó. Se sabe que una de las aportaciones de la isla, como miembro del tratado comercial, son los servicios médicos. Por tanto, millares de sudamericanos viajan a Cuba a operarse de cataratas. Incluso los nativos ya pueden operarse de la vista por la mañana y por la tarde estar en su casa. Como sucede en Nueva York, Barcelona o Zürich. Castro, por supuesto, alardea de esas atenciones. Pero en cualquier lugar civilizado del planeta ese tipo de cirugías oculares ya no son noticia, porque hace tiempo con éxito se vienen practicando. Lo que los cubanos desean es ver alimentos en sus despensas. Poder desayunar todos los días café con leche y pan con mantequilla. Y que sus hijos tengan ropa y calzado. Mas eso, comentan, no lo ha resuelto el tan alabado tratado comercial. Entonces, menos retóricas y más realidades. A estas alturas, tras 50 años de disparates y despilfarros, proyectos quiméricos y planes absurdos, la gente simple no menciona en una conversación seria las supuestas bondades de una alianza que no aporta resultados palpables. Nadie le creyó la bonita historia al Comandante de verde olivo, cuando una noche del 2004, eufórico, vislumbraba un porvenir pletórico para sus gobernados. Ni los niños, a quienes nunca se les ocurrió pedirle bombones a sus padres. Iván García Foto: Claudio Vaccaro, Flickr |
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| Actualizado em ( 20-Dec-2009 ) |
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